El uso de animales silvestres en rituales o ceremonias mágico-religiosas es parte de la tradición y cultura en los pueblos andinos de origen Quechua, Atacameño y Aymara, que en mayor o menor grado aún se siguen realizando a lo largo de los Andes centrales. La mayor parte de estas actividades se basan en el uso de la piel de gato andino y/o de gato de pajonal o colocolo (Leopardus colocolo).

Ambas especies de felinos son conocidos como "titi", "titimisi" o "titiphisi" en zonas de habla Aymara, como "achamichi" en zonas Atacameñas y como "oskhollo" en zonas de habla Quechua y son relacionadas con la abundancia y bienestar del ganado. Sus pieles aún son usadas en ceremonias para el marcado del ganado camélido o al inicio de la época de siembra o cosecha. Son un símbolo de fertilidad, protección y estrechamente ligados a los espíritus de las montañas, y forman parte importante dentro de las tradiciones locales. Dentro de este simbolismo, la religión juega un papel muy importante, al servir de marco para las actitudes y actividades de las comunidades hacia su entorno y como un modelador de sus prácticas culturales.